sábado, 13 de mayo de 2017

El lector derrotado. Cuatro apuntes.

El histórico combate entre Thomas Pynchon y El Niño Vampiro

No ha habido revancha. El primer combate se libró hace ya la friolera de cinco años (el tiempo pasa más rápido cuando uno tiene un blog), y os puse aquí algunos de las mejores momentos. Desde entonces he estado preparando la revancha, con la confianza del escarmentado y la experiencia de quien ha leído el Ulysses, la Recherche, el Quartet, ParadisoEl hombre sin atributos y hasta alguna trilogía de Beckett. Y no lo digo con ánimo de darme ínfulas, sino simplemente para dejar constancia de que no me dan miedo las lecturas largas y complejas. Más bien al contrario, es en ese tipo de novelas donde más seguro me siento. Quizá ello se deba a que, ante novelitas como El túnel o La muerte en Venecia, me resulta mucho más difícil negar mis inmensas carencias culturales. Así que monumentales novelones experimentales, sí por favor, pero...

...pero este rival de nuevo se ha mostrado imbatible. Si medimos cada asalto por un centenar de páginas, le he durado tres asaltos, durante el último de los cuales estaba ya groggy y tambaleándome por el ring cual borracho despistado.


La lectura, frustrada o no, de una obra como Rainbow's Gravity hace que nos planteemos algunas preguntas, la primera de las cuales no destaca por su originalidad: ¿para qué? Y del para nos vamos al por, es decir a aquella pregunta tan manida de ¿por qué leemos? ¿Y por qué algunos nos empeñamos, contra viento y marea, en leer libros como éste? Pues lo siento, no tengo una respuesta satisfactoria a la pregunta de por qué leemos, pero sí tengo muy claro cuáles NO son los motivos: no leemos para aburrirnos, no leemos para sentirnos estúpidos, no leemos para poder decir "he leído".

La segunda pregunta que nos viene a la cabeza es ¿soy gilipollas? ¿Burro? ¿Ignorante? ¿Filisteo? ¿Tengo la paciencia y capacidad de atención de un niño de tres años? ¿Por qué este libro que, según dicen, ha hecho las delicias de tantos lectores, a mí no me ha proporcionado más que un par de momentos memorables? ¿Afronté mal la lectura? ¿Debí acaso pertrecharme de lápiz y papel para poder llevar la cuenta de los personajes y crear un glosario de acrónimos? ¿Requiere la lectura de Gravity's Rainbow no sólo un cierto nivel cultural sino, además, un periodo de entrenamiento previo, digamos, con obras más accesibles del autor? Y una vez más, esta pregunta nos lleva a la siguiente.

Filisteos preparados para leer Gravity's Rainbow

La tercera, pues, podría ser ¿volveré a caer? Porque mira que compré el libro con ilusión. Mira que tenía ganas de que me gustara Pynchon. Como decía más arriba, un autor difícil con una bibliografía que se mide en kilos supone para mí una tentación en la que me dejaría caer con las manos atadas y los pies en un bloque de cemento. Habrá quien me diga que persevere, que vale la pena el sacrificio. ¿Sacrificio? ¡Pero si me he inmolado! ¡Si desde la segunda página era un cadáver leyente, un zombie pasapáginas, un alma en pena condenada a errar por centenares de páginas sin sentido, placer ni final!

En fin, quizá la mayor virtud de este libro ha sido que me ha transportado a mi infancia. En efecto, me ha hecho recordar proustianamente aquella sensación que tuve cuando, a los siete años, cogí de la estantería de mis padres el libro Tiburón, en aquella edición del Círculo de Lectores, y cómo, acabada la primera página, decidí que aquello no era para mí.

Sí, esta mismita edición
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